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sábado, 20 de abril de 2019

Ricardo Carvajal Medina - Algunos paralelismos entre Cervantes y Tolkien

NOTA: El presente ensayo fue escrito por el historiador mexicano Ricardo Carvajal Medina, donde hace un breve análisis comparativo entre la vida y obra de Miguel de Cervantes y JRR Tolkien, existiendo paralelismos interesantes. El autor amablemente nos ha compartido la transcripción para el blog, se puede consultar el artículo aquí, y la revista completa aquí.


ALGUNOS PARALELISMOS ENTRE CERVANTES Y TOLKIEN

Por Ricardo Carvajal Medina

276 años es la friolera cantidad de tiempo que separa la muerte de la máxima figura de la literatura española, del nacimiento del mayor representante de la literatura fantástica. Ambos pertenecen a contextos históricos muy dispares; Miguel de Cervantes (1547-1616) vivió el esplendor del Imperio Español en el siglo XVI, mientras que a J.R.R Tolkien (1892-1973) le tocó ver en primera fila el desmoronamiento del Imperio Británico, después de las dos conflagraciones mundiales del siglo XX. Cervantes cultivó los géneros habituales de la segunda mitad del siglo XVI -poesía, teatro y novela-, mientras que Tolkien fue filólogo, poeta, profesor universitario, y como novelista le dio forma a un género de ficción que cuenta con gran éxito hasta nuestros días. Ante tal situación nos preguntamos ¿cuáles podrían ser los paralelismos entre ambos autores? Sí bien existen pocos, creemos que estos no dejan de ser dignos de ser analizados y estudiados. Nuestra intención no es abrir una línea de investigación ni mucho menos elaborar una hipótesis compleja, más no hemos querido desaprovechar el espacio que se nos brinda para exponer algunas de nuestras lucubraciones –atinadas o no–, que versan sobre el mundo cervantino del Quijote y el legendarium de Tolkien (legendarium es una palabra que Tolkien tomó del latín para nombrar al conjunto de historias sobre Arda).

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El primer paralelismo tiene que ver con la vida de ambos autores, pues combatieron en guerras de gran importancia histórica. Cervantes luchó en varias ocasiones, una de las más importantes fue en la Batalla de Lepanto acaecida el 7 de octubre de 1571, frente a las costas de la ciudad de Naupacto, al occidente de la Grecia continental. En ella se enfrentaron el Imperio Turco Otomano contra una coalición de estados europeos denominada la Liga Santa, la cual tenía por objetivo detener la expansión de los turcos, y efectivamente, esta batalla frenó el avance otomano sobre la Europa Occidental y el Mediterráneo. Cervantes llega a referirse –en tercera persona– a su vida de soldado y participación esta batalla de esta forma:

Fue soldado muchos años, y cinco y medio cautivo, donde aprendió a tener paciencia en las adversidades; perdió en la batalla naval de Lepanto la mano izquierda de un arcabuzazo, herida que, aunque parece fea, él la tiene por hermosa, por haberla cobrado en la más memorable y alta ocasión que vieron los pasados siglos, ni esperan ver los venideros, militando debajo de las vencedoras banderas del hijo [Juan de Austria] del rayo de la guerra, Carlos V, de felice memoria." (Cervantes, 1972, prólogo, p. 1.).

Por otro lado, a Tolkien le tocó combatir en las trincheras de la Primera Guerra Mundial; participó en la batalla del Somme, como oficial de comunicaciones. Esta batalla librada en 1916 fue de las más largas y sangrientas de la Gran Guerra, en ella Inglaterra y Francia trataron de hacer retroceder a Alemania, sin éxito. Sólo para darnos una idea de la magnitud del enfrentamiento, es necesario mencionar que el primer día de combate, los británicos perdieron 60 000 soldados, avanzando en un mes sólo dos millas y media; al finalizar la batalla, Alemania había perdido 500 000 soldados, y británicos y franceses 600 000 efectivos, sin contar con desaparecidos y heridos (Thomson, 1992, Pp. 81-82).

La batalla del Somme perteneció a la fase de la guerra llamada “Guerra de posiciones” o “Guerra de trincheras”, que se produjo tras el estancamiento del avance de los ejércitos europeos; se siguió la estrategia de crear posiciones reciamente fortificadas, donde la infantería cavaba trincheras para protegerse del fuego enemigo, los británicos trataron de romper las defensas con aviación, y un nuevo vehículo blindado: el tanque. Precisamente fue en esta clase de campo de batalla en el cual Tolkien estuvo involucrado, le tocó ver los edificios en ruinas, explosiones, centenares de hombres heridos y mutilados, cadáveres espantosamente destrozados por granadas, tropas cavando tumbas, olor a podredumbre, trincheras infestadas de ratas, piojos e inundadas de aguas negras. Los amigos de Tolkien murieron en la guerra, el salió ileso del combate, pero por las condiciones insalubres adquirió la llamada “fiebre de las trincheras”, pon lo cual fue llevado atrás del frente de batalla y posteriormente a Inglaterra, donde se recuperó sin tener que regresar al infierno de la guerra (Carpenter 2002, pp. 96-102). Años más tarde escribiría cómo su experiencia en la Gran Guerra había influido en la redacción de algunas partes de El Señor de los Anillos: “Las Ciénagas de los Muertos y las inmediaciones de Morannon deben algo al Norte de Francia después de la Batalla del Somme.” (Tolkien, 1993, Carta núm. 226, De una carta al profesor L. W. Forster, 31 de diciembre de 1960, p. 354).

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En el terreno literario, las concordancias son más abundantes. Cervantes y Tolkien se presentan a sí mismos como historiadores o traductores de obras ya existentes. Cervantes nos cuenta como los eruditos debatían sobre las hazañas de un tal Alonso Quijano, y él sólo presenta parte de sus inquisiciones sobre los archivos y tradiciones manchegas. A partir del capítulo IX de la primera parte, Cervantes nos narra cómo encuentra en el mercado de Toledo un manuscrito escrito en caracteres arábigos. Después de contratar los servicios de un traductor y comprar los papeles viejos, descubre que el manuscrito es nada menos que una Historia de don Quijote de la Mancha, escrita por Cide Hamete Benengeli, historiador arábigo (Cervantes, 2004, Primera Parte, Cap. IX, pp. 85-88). A partir de este momento, Cervantes se muestra como editor, comentarista y enmendador (pues el autor original es un musulmán enemigo de España, ha tergiversado la historia) de dicho manuscrito, con lo que él puede presentar y dar a conocer la verdadera historia del Caballero de la Triste Figura, tanto en la primera como en la segunda parte de El Quijote.

En los borradores de lo que sería su legendarium, Tolkien nombra un personaje llamado Ælfwine o Eriol. Según los borradores más tempranos, Ælfwine de Inglaterra fue un marinero anglosajón, nacido alrededor del siglo X, único mortal de “nuestros días” que al navegar por el mar, naufragó en la isla de Tol Eressëa habitada por elfos. Ahí conoce a Pengolodh, el mayor cronista de la Tierra Media, quién le cuenta la Ainulindalë, el Quenta Silmarillion, el Libro Dorado, la Narn i Chîn Húrin, los Anales de Aman y los de Beleriand. Ælfwine-Eriol regresa a Bretaña donde vuelve todas estas historias al inglés antiguo, de las cuales Tolkien traduciría al inglés moderno y serían las historias que el presenta (Björkman, 2002). Al editarse El Silmarillion en 1977, Ælfwine-Eriol queda fuera de la historia, perdiéndose la relación entre la realidad primaria y la Tierra Media. También en El hobbit y en El Señor de los Anillos Tolkien aparece como historiador-traductor, de una serie de libros que menciona en el prólogo, nos da títulos como Historia de una ida y de una vuelta también conocido como Libro Rojo de la Frontera del Oeste (donde se encuentra la fuente “histórica” de El Hobbit), Cronología de la Comarca, Herbario de la Comarca, Palabras y Nombres Antiguos de la Comarca (Tolkien, 2013a, prólogo, Pp. 15-36).

En los Apéndices, aumenta significativamente el número de nombres y la referencia a “archivos antiguos” sobre las edades pasadas (Tolkien, 2002b). Un último ejemplo lo encontramos en Egidio, el granjero de Ham, dónde más que historiador, Tolkien se presenta como traductor de un manuscrito en latín insular (Tolkien, 2012, pp. 103-154), ambientado en el periodo más obscuro –historiográficamente hablando– de las islas británicas, la llamada Alta Edad Media, es decir los siglos V y VI, desde que el Imperio Romano abandona la isla, y se produce la llegada de invasores anglos, sajones y daneses (Malet e Isaac, 1959, P. 126), es en este período donde se localizan temporalmente las leyendas del ciclo artúrico.

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Tanto Cervantes como Tolkien retratan un pasado idílico, un pasado desaparecido por la degeneración de los valores antiguos. Don Quijote nos habla de este mundo en el denominado “Discurso de la Edad de Oro”, donde se presenta un pasado cuasi comunista de inspiración edénica: los habitantes de esa edad ignoraban las palabras de tuyo y mío, todas las cosas eran comunes, la humanidad vivía en sintonía con la naturaleza, todo era paz, todo era amistad, todo era concordia. No había fraude, ni engaño ni malicia, la justicia estaba en sus propios términos, no había qué juzgar ni quién fuese juzgado (Cervantes, 2004, Primera Parte, Cap. XI, 97-99). Con la desaparición de ese mundo, fue necesario instaurar la orden de caballería andante, “para defender las doncellas, amparar las viudas y socorrer a los huérfanos y a los menesterosos” (Ídem). El mundo caballeresco sólo era el ideal de cómo debía ser la sociedad medieval, un ideal que sólo existía en los libros de caballería, universo y género literario que estaba en su declive para principios del siglo XVII. Cervantes le da el golpe de gracia a los libros de caballería al escribir Don Quijote de la Mancha, la historia de un hombre maduro que pierde el juicio por leer libros de caballería, saliendo de su pueblo creyéndose caballero andante, para enmendar el mundo, desfacer los tuertos, rescatar princesas y matar criaturas mitológicas. Irónicamente, cuando Cervantes escribió la parodia de los libros de caballería, inmortalizó al caballero andante más famoso de todos los tiempos.

Tolkien va mucho más lejos que simplemente retratar un pasado perdido, él tenía el “deseo de crear una mitología para Inglaterra” (Carpenter, 2002, P. 106). Para entender esto debemos de revisar un poco la historia de Inglaterra. Desde el siglo V a.d.n.e., las islas británicas estuvieron habitadas por pueblos de origen celta. Después del periodo de dominación romana –que abarco de los siglos I a V d.n.e. –, la antigua provincia romana de Britania fue invadida –como mencionamos arriba– por anglos, sajones y daneses, trastocando el estilo de vida celta. Una segunda invasión a manos de los normandos en 1066, borró los vestigios de leyendas celtas existentes. Tolkien lamentaba que la mitología típicamente inglesa había desaparecido tras esta serie de conquistas, a diferencia de las Eddas islandesas, o el Kalevala finlandés. Por tal motivo se propuso crear un pasado mitológico inglés, un corpus de leyendas que estuviera a la altura de las grandes creaciones mitológicas de la humanidad:

“…tenía intención de crear un cuerpo de leyendas más o menos conectadas, desde las amplias cosmogonías hasta el nivel del cuento de hadas romántico -lo más amplio fundado en lo menor en contacto con la tierra, al tiempo que lo menor obtiene esplendor de los vastos telones de fondo-, que podría dedicar simplemente a Inglaterra, a mi patria. Debía poseer el tono y la cualidad que yo deseaba, algo fresco y claro, impregnado de nuestro «aire» (el clima y el terreno del Noroeste, Bretaña y las partes más altas de Europa, no Italia ni el Egeo, todavía menos el Este); y aunque poseyera (si fuera capaz de lograrla) la sutil belleza evasiva que algunos llaman céltica (aunque rara vez se la encuentra en los verdaderos objetos célticos antiguos), debería ser «elevado», purgado de bastedad y adecuado a la mente más adulta de una tierra ahora hace ya mucho inmersa en la poesía. Trazaría en plenitud algunos de los grandes cuentos, y muchos los dejaría esbozados en el plan general. Los ciclos se vincularían en una totalidad majestuosa, y dejaría márgenes para que otras mentes y manos hicieran uso de la pintura, la música y el teatro”  (Tolkien, 1993, Carta núm. 131, A Milton Waldman [borrador], finales de 1951, p. 172).

El génesis del legendarium de Tolkien se remonta a los años 1917-1925, después de su convalecencia por la “fiebre de las trincheras”. Durante este periodo escribió El libro de los cuentos perdidos, donde se esbozaron las historias de Los hijos de Húrin y Beren y Luthien. Estos relatos serían el borrador de lo que posteriormente sería publicado parcialmente como El Silmarillion en 1977. Tres fueron las motivaciones para que Tolkien emprendiera la creación de una mitología completa, una tarea con pocos paralelos en la historia de la literatura: el amor por los lenguajes, un lugar donde expresar sus sentimientos, y crear una mitología para Inglaterra.

A Tolkien le gustó desde su juventud inventar lenguas, lo que llevó a crear una realidad literaria completa (Carpenter, 2002, Pp. 105-115). El universo fantástico fue hecho ex profeso para que los idiomas inventados, como el Eldarin, Quenya o Sindarin, tuvieran un escenario donde situarse. Tolkien nos presenta un mundo ficticio con un grado de complejidad pocas veces logrado (pocos son los universos ficticios que han logrado ese nivel de complejidad, existen los casos de Conan de Robert E. Howard, las Sagas Robots, Imperio y Fundación de Isaac Asimov, Star Trek de Gene Roddenberry o Star Wars de George Lucas, los dos últimos con ayuda de otros autores): una tierra mágica con geografía y toponimia propias, habitado por criaturas y culturas exóticas, diversas razas y pueblos como los elfos, magos, hombres, enanos, hobbits, orcos, trolls, dragones, cada uno con lenguas, alfabetos y fonologías propias, y una historia de varios miles de años en común, es lo que tiene Arda con sus continentes de Aman y la Tierra Media, separados por océanos. Tolkien no trataba de dar a entender que lo que él describía hubiese ocurrido en la antigüedad, sino dar la ilusión de un pasado mitológico:

“La Tierra Media es nuestro mundo. He situado (como era de esperar) la acción en un período de la antigüedad imaginario por completo (aunque no del todo imposible), en que la forma de las masas continentales era diferente” (Tolkien, citado por Carpenter, 2002, P. 107).

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Las épocas en las cuales vivieron nuestros autores fueron de grandes cambios en los ámbitos políticos, sociales, culturales y tecnológicos. Fue el rubro tecnológico sin duda uno de los que más repercutió en la vida de nuestros autores, pues los avances en la tecnología bélica de sus respectivas épocas revolucionó la forma de hacer la guerra, de llevar la violencia mortal a otro nivel.

Ya mencionamos cómo en la Batalla de Lepanto, Cervantes recibió un arcabuzazo en la mano izquierda, dejándole dicha extremidad inmovilizada de por vida, la cual menciona que él tenía esa herida por hermosa; por este motivo se ganó el apodo de “El manco de Lepanto”. Cuando Don Quijote pronuncia el “Discurso sobre las armas y las letras”, se vuelve a mencionar la herida en la mano, en esta ocasión se mencionan los premios que recibe el soldado con el símil de los académicos: “Lléguese, pues, a todo esto, el día y la hora de recibir el grado de su ejercicio: lléguese un día de batalla, que allí le pondrán la borla en la cabeza, hecha de hilas, para curarle algún balazo que quizá le habrá pasado las sienes o le dejará estropeado de brazo o pierna” (Cervantes, 2004, Primera Parte, Cap. XXXVIII, P. 395).

Estas reflexiones probablemente fueron producto de los años restantes que vivió sin poder mover la mano izquierda. ¿Cómo sería la historia si esa bala de arcabuz hubiera impactado en la mano derecha? ¿Habría escrito Cervantes El Quijote? Preguntas sin respuesta que caen al saco roto del “hubiera”; lo que sí nos gustaría resaltar, es el choque que debió de sentir el joven Cervantes (de 24 años) al estar luchando con fiebre, en una batalla naval tan grande, y de la nada recibir tres impactos de arcabuz. La pólvora se había convertido en un invento que en la guerra era mortal, para conocer la opinión de Cervantes sobre las armas de fuego, conviene traer la siguiente cita del “Discurso sobre las armas y las letras”:

Bien hayan aquellos benditos siglos que carecieron de la espantable furia de aquestos endemoniados instrumentos de la artillería, a cuyo inventor tengo para mí que en el infierno se le está dando el premio de su diabólica invención, con la cual dio causa que un infame y cobarde brazo quite la vida a un valeroso caballero, y que sin saber cómo o por dónde, en la mitad del coraje y brío que enciende y anima a los valientes pechos, llega una desmandada bala (disparada de quien quizá huyó y se espantó del resplandor que hizo el fuego al disparar de la maldita máquina) y corta y acaba en un instante los pensamientos y vida de quien la merecía gozar luengos siglos. Y así, considerando esto, estoy por decir que en el alma me pesa de haber tomado este ejercicio de caballero andante en edad tan detestable como es esta en que ahora vivimos; porque aunque a mí ningún peligro me pone miedo, todavía me pone recelo pensar si la pólvora y el estaño me han de quitar la ocasión de hacerme famoso y conocido por el valor de mi brazo y filos de mi espada, por todo lo descubierto de la tierra (Cervantes, 2004, Primera Parte, Cap. XXXVIII, P. 397).

El Quijote es una crítica de como las instituciones tradicionales son desplazadas por los nuevos organismos del Estado moderno: los ejércitos regulares, la Santa Hermandad, los Consejos de letrados y juristas, ocupaciones que antes eran desarrolladas por los caballeros, y ahora son realizados por un cuerpo de burócratas. De igual forma, la defensa de la paz ya no recae en los caballeros, sino en los ejércitos modernos, pagados por el Estado, la soldadesca y artillería; la guerra moderna ya no permite la búsqueda de la gloria y honra personales. En El Quijote, vemos como Cervantes considera la profesión de soldado por encima que la de los religiosos y letrados (recordemos que Cervantes estuvo ligado al Estado profesando como soldado y alcabalero). En cierta ocasión, cuando le dicen a Don Quijote que la profesión de caballero andante es una de las más estrechas de la tierra, que aun la de los frailes cartujos no es tan estrecha, responde:

“—Tan estrecha bien podía ser —respondió nuestro don Quijote—, pero tan necesaria en el mundo […] Porque, si va a decir verdad, no hace menos el soldado que pone en ejecución lo que su capitán le manda que el mismo capitán que se lo ordena. Quiero decir que los religiosos, con toda paz y sosiego, piden al cielo el bien de la tierra, pero los soldados y caballeros ponemos en ejecución lo que ellos piden, defendiéndola con el valor de nuestros brazos y filos de nuestras espadas, no debajo de cubierta, sino al cielo abierto, puestos por blanco de los insufribles rayos del sol en el verano y de los erizados yelos del invierno. Así que somos ministros de Dios en la tierra y brazos por quien se ejecuta en ella su justicia. Y como las cosas de la guerra y las a ellas tocantes y concernientes no se pueden poner en ejecución sino sudando, afanando y trabajando, síguese que aquellos que la profesan tienen sin duda mayor trabajo que aquellos que en sosegada paz y reposo están rogando a Dios favorezca a los que poco pueden (Ibíd. Cap. XIII, Pp. 112-113.).

Sobre los letrados da su opinión en el famoso “Discurso de las armas y las letras”, donde se pronuncia sobre la importancia de las armas sobre las letras, también aquí Cervantes –por medio de Don Quijote– expresa que la única forma de vivir ordenadamente es a través del monopolio de la violencia por parte del Estado:

Y, entre las que he dicho, dicen las letras que sin ellas no se podrían sustentar las armas, porque la guerra también tiene sus leyes y está sujeta a ellas, y que las leyes caen debajo de lo que son letras y letrados. A esto responden las armas que las leyes no se podrán sustentar sin ellas, porque con las armas se defienden las repúblicas, se conservan los reinos, se guardan las ciudades, se aseguran los caminos, se despejan los mares de cosarios, y, finalmente, si por ellas no fuese, las repúblicas, los reinos, las monarquías, las ciudades, los caminos de mar y tierra estarían sujetos al rigor y a la confusión que trae consigo la guerra el tiempo que dura y tiene licencia de usar de sus privilegios y de sus fuerzas (Ibíd. Cap. XXXVIII, P. 396).

Durante los años de vida de Tolkien también se suscitaron grandes cambios tecnológicos, y las dos guerras mundiales provocaron la industrialización a gran magnitud de las islas británicas. En el legendarium de Tolkien no solamente se crea un pasado mitológico perdido, sino también un estilo de vida rural en que él creció, y para su madurez había desaparecido. Tolkien creció en Sarehole, aldea pequeña cerca de Birmingham, este lugar tenía todo lo que Tolkien expondría como la idílica vida de La Comarca: campos verdes, árboles, aire fresco, un río con molino, áreas que explorar e ir de picnic (Crabbe, 1985, Pp. 14-15). En la dicotomía bien-mal de El Señor de los Anillos, existe la lucha entre lo natural y lo artificial, lo bello y lo feo. Por el bando del bien vemos el uso de tecnología, cuyo fin es crear, mientras que la maldad usa la tecnología con el fin de corromper las cosas creadas. Existen ejemplos en los escritos de Tolkien donde muestra su aversión por las máquinas, por la tecnología que corrompe; en los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial se expresa así sobre las máquinas:

“Bueno, la Primera Guerra de las Máquinas parece estar acercándose a su capítulo final y carente de conclusiones, dejando a todos, ¡ay!, más pobres; a muchos, desgraciados o mutilados; a millones, muertos, y sólo una cosa triunfante: las Máquinas. Como los servidores de las Máquinas se están convirtiendo en una clase privilegiada, las Máquinas han de ser enormemente más poderosas” (Tolkien, 1993, Carta núm. 96, A Christopher Tolkien, 30 de enero de 1945, p. 134).

La creación, la imaginación es una cualidad sublime de las criaturas bondadosas de la Tierra Media, mientras que las criaturas malignas sólo buscan la destrucción y el dolor. Sobre estas menciona: “Es probable que ellos [los trasgos] hayan inventado algunas de las máquinas que desde entonces preocupan al mundo, en especial ingeniosos aparatos que matan enormes cantidades de gente de una vez, pues las ruedas y los motores y las explosiones siempre les encantaron, como también no trabajar con sus propias manos más de lo indispensable…” (Tolkien, 2013b, P. 72). En El Señor de los Anillos vemos como el uso de tecnología por parte de la maldad es con el fin de destruir. Basta ver el daño a los bosques para usarlos como combustible, la reacción de Bárbol y los elfos, y la industrialización forzada de La Comarca por parte de Zarquino (Saruman), para conocer la opinión de Tolkien sobre las máquinas. (Tolkien, 2001a, 2002a, 2013a, pássim.) Incluso en las facciones opuestas, existe una marcada oposición entre lo natural y lo humano (entendiéndolo como corruptor): Los Elfos del Bosque, los Enanos de la Montaña; el estandarte de los hombres Rohan es un Caballo Blanco, y el de Gondor es un Árbol Blanco con Siete Estrellas. Mientras que por el lado del mal, vemos un Ojo Rojo en el estandarte de Barad-dûr y la Mano Blanca de Saruman (Crabbe, 1985, P. 123).

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Una última concordancia que podemos mencionar es que ambos están en contra de la guerra –la vivieron en carne propia– pero aceptan la guerra cuando es justa o en defensa de lo correcto. La “guerra justa” es una doctrina teológica-política del cristianismo, desarrollada durante la Edad Media por Agustín de Hipona, y continuada por Tomás de Aquino, Francisco de Vitoria, Francisco Suárez y Luis de Molina, que se mantuvo prácticamente sin actualización hasta Pío XII. Esta doctrina establece bajo qué criterios es tolerable la guerra siguiendo los preceptos de la religión cristiana; a grandes rasgos puede decirse que la doctrina de la guerra justa clásica “distingue entre las condiciones que se deben satisfacer antes de iniciarse la actividad bélica (ius ad bellum), y aquellas que han de presidir su desarrollo (ius in bello)” (Segura, 2002, Pp. 53-54).

El derecho antes de guerra consiste en los siguientes puntos (Ídem):

1-    La guerra debe ser declarada y llevada a cabo por una autoridad legítima (legitima potestas).
2-    Debe servir a la defensa de bienes y derechos de carácter esencial, puestos en peligro por una amenaza injustificada (iusta causa).
3-    Antes de optar por la utilización de la violencia deberán agotarse todas las alternativas posibles (ultima ratio).
4-    El mal que se produzca a consecuencia de la guerra no debe ser mayor a la injusticia que se pretende combatir (proportio effectuum):
5-    Debe existir una perspectiva de éxito suficientemente justificada (bonus eventus).

Aparte de respetar los puntos anteriores, debe de seguirse cierta normatividad en la guerra directa (Ídem):

1-    Proporcionalidad: los medios utilizados han de estar en relación con los bienes que se persiguen. En otras palabras: para que un acto militar esté justificado, el fin perseguido debe tener más peso que cualquier consecuencia negativa que pudiera resultar del mismo.
2-    Discriminación: la fuerza militar debe utilizarse de tal forma que se respete la distinción entre combatientes y no-combatientes. Y, en cualquier caso, la matanza intencional de no-combatientes no puede justificarse.

Nuestros dos autores –de religión católica– comparten esta doctrina para realizar la guerra en sus mundos literarios. Las ideas de la guerra y la paz cervantinas son producto del contexto europeo. Cervantes defiende el imperialismo hispano, y en sus comentarios está a favor de enfrentar a los enemigos de la Monarquía Católica: el Imperio Turco, los cismas protestantes en Inglaterra y Países Bajos, las traiciones políticas de Francia, y la piratería en el Mediterráneo y América (Insua, 2007a). Explícitamente Cervantes menciona –por medio de Don Quijote– que la forma correcta para conducirse en el uso de las armas es la doctrina de la guerra justa; argumenta sus locuras por pertenecer a la Orden de Caballería Andante, que le permite usar la fuerza para "deshacer agravios y enderezar entuertos":

 “Los varones prudentes, las repúblicas bien concertadas, por cuatro cosas han de tomar las armas y desenvainar las espadas y poner a riesgo sus personas, vidas y haciendas: la primera, por defender la fe católica; la segunda, por defender su vida, que es de ley natural y divina; la tercera, en defensa de su honra, de su familia y hacienda; la cuarta, en servicio de su rey en la guerra justa; y si le quisiéremos añadir la quinta, que se puede contar por segunda, es en defensa de su patria. A estas cinco causas, como capitales, se pueden agregar algunas otras que sean justas y razonables y que obliguen a tomar las armas…” (Cervantes, 2004, Segunda parte, Cap. XXVII, P. 764).

Las opiniones de Cervantes por la guerra justa están marcadas por su época, así ve débil la política exterior de Felipe II (que reinó en los años 1556-1598), pues no supo sacar partida de Lepanto, ni supo sacar provecho de la anexión de Portugal en 1580. Al final de su reinado, Felipe II tiene que aceptar una serie de paces que trastocan el orden hispano, una situación en que “las letras” superaron a “las armas”: las treguas con Turquía en 1577 y 1584, la Paz de Vervins con Francia en 1598, el Tratado de Londres en 1604, y la Tregua de los Doce Años o Tregua de Amberes, con las Provincias Unidas [Países Bajos] en 1609, que empantanaron la política de Felipe II y su sucesor Felipe III (Insua, 2007a).

Tolkien por su lado era anti-belicista, el haber luchado en las trincheras y perder a sus amigos en la Gran Guerra fue suficiente para que se manifestara en contra del uso de la violencia como herramienta para acabar con los males del mundo, pues ya “…bastantes miserias y dolores hay en el mundo sin que las guerras vengan a multiplicarlos” (Tolkien, 2002a, P. 314). Se horroriza con la noticia del estallido de las bombas atómicas sobre Japón (Tolkien, 1993, Carta núm. 102, A Christopher Tolkien, 9 de agosto de 1945, p. 139), y declaraba su dolor y repugnancia por el imperialismo norteamericano y británico en el Lejano Oriente (Ibíd., Carta núm. 100, A Christopher Tolkien, 29 de mayo de 1945, p. 139). Aunque en sus escritos existen elementos suficientes para identificar el concepto de la guerra justa en su pensamiento, siguiendo la dicotomía bondad-maldad del cristianismo. Tolkien opinaba sobre las guerras lo siguiente:

“El estúpido desperdicio de la guerra es tan enorme, no sólo material, sino también moral y espiritual, que desconcierta a quienes tienen que soportarlo. Y siempre lo hubo (a pesar de los poetas) y siempre lo habrá (a pesar de los propagandistas); por supuesto, no es que no fue, es y será necesario enfrentarlo en un mundo maligno” (Ibíd., Carta núm. 64, A Christopher Tolkien, 30 de abril de 1944, p. 93).

Sobre sus amigos muertos en la Gran Guerra, hace el siguiente juicio: “el ofrecimiento de sus varias vidas en esta guerra (que, a pesar de todo el mal que por ella nos advenga, es, desde una perspectiva más amplia, buena en su oposición al mal)” (Ibíd., Carta núm. 5, A G. B. Smith, 12 de agosto de 1916, p. 18). Para Tolkien, la guerra es un mal que en caso de defensa, es necesario, y esto está reflejado en su legendarium. Si bien en todo su mundo fantástico existen diversas guerras, por lo menos en la “Guerra del Anillo” narrada en El Señor de los Anillos, vemos cómo el lado del bien cumple la mayoría de los puntos de la ius ad bellum y el ius in bello, mientras que el lado de la maldad incumple los preceptos de la guerra justa. El bando del bien, conformado por reinos legítimos de elfos, enanos y hombres, se ve obligado a defenderse de la amenaza de Mordor e Isengard, fortalezas defendidas por hombres malvados y orcos, criaturas corruptas gobernadas por los traidores Sauron y Saruman. El bando del bien sólo tiene dos opciones frente a la guerra: sucumbir o pelear, por lo que no puede producirse un mal mayor y la perspectiva de éxito no necesita justificación. La facción del mal sólo busca corromper el mundo, por lo que no hace distinción entre combatientes y no-combatientes. Todo lo anterior puede resumirse en lo que menciona Faramir a Frodo cuando le explica porque defiende Minas Tirith: “Guerra ha de haber mientras tengamos que defendernos de un poder destructor que nos devoraría a todos… (Tolkien, 2002a, P. 347).

A manera de conclusión, consideramos que existen cinco paralelismos entre la obra literaria de Cervantes y Tolkien: 1) Un hecho capital es que ambos fueron soldados, sus vivencias en la guerra influyeron notablemente en sus creaciones literarias y en la forma de concebir el mundo. 2) Otro paralelismo notable, es que ambos se presentan como historiadores, así inventan títulos de manuscritos de dónde han tomado los datos “históricos” para escribir sus historias, es decir, existe un juego entre el escritor y lector en el que se pretende que lo narrado pertenece a la realidad primaria. 3) Las guerras en que combatieron se situaron en épocas de importantes cambios tecnológicos, que propiciaron una revolución en el arte bélico, pero también se extendieron a otros ámbitos de la sociedad humana, en especial en el pensamiento, así se palpa un cambio importante en los sistemas de creencias y valores, que ya no son los mismos con los cuales crecieron nuestros autores. 4) Por eso en sus mundos literarios encontramos una lucha constante entre lo viejo y lo nuevo, lo correcto y lo incorrecto, en cómo en el pasado desaparecido las cosas eran mejores y ahora las cosas se están transformando en otra cosa, no siempre para bien. 5) Por sus escritos podemos ver que compartían los preceptos de la doctrina de la guerra justa, de origen cristiana. Estos paralelismos son –los que a nuestro juicio– podemos resaltar de estos dos soldados-poetas.


FUENTES
BIBLIOGRÁFICAS

CARPENTER, HUMPHREY.
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CERVANTES SAAVEDRA, MIGUEL DE.
(1972) Novelas ejemplares. Comentario de Sergio Fernández. 11ª edición, México, Editorial Porrúa, (Sepan cuantos… núm. 9).
(2004) Don Quijote de la Mancha. Estudios de Mario Vargas Llosa y Francisco Ayala; Edición y notas de Francisco Rico. 6ª reimpresión, México, Real Academia Española-Alfaguara, (Edición del IV centenario).
CRABBE, KATHARYN F.
(1985) J.R.R. Tolkien. Traducción de Federico Patán. Fondo de Cultura Económica, (Breviarios núm. 408).
MALET, ALBERTO; ISAAC, J.
(1959) La Edad Media. Con la colaboración de Narciso Binayá. Edición enteramente refundida y puesta al día. Buenos Aires, Librería Hachette.
THOMSON, DAVID.
(1992) Historia mundial de 1914 a 1968. Traducción de Edmundo O‘Gorman. 10ª reimpresión [de la 2ª edición], México, Fondo de Cultura Económica, (Breviarios núm. 142).
TOLKIEN, J.R.R.
(1993) Cartas de J.R.R. Tolkien. Recopilación de Humphrey Carpenter con la colaboración de Christopher Tolkien. Traducción de Rubén Masera. España, Planeta DeAgostini-Minotauro, (Biblioteca Tolkien).
(2001a) El Señor de los Anillos 2. Las dos Torres. Traducción de Matilde Horne y Luis Domèmenech. 10ª reimpresión, México, Editorial Planeta-Minotauro.
(2001b) El Silmarillion. Edición de Christopher Tolkien. Traducción de Rubén Masera y Luis Domèmenech. Reimpresión, Minotauro.
(2002a) El Señor de los Anillos 3. El retorno del Rey. Traducción de Matilde Horne y Luis Domèmenech. España, Planeta DeAgostini-Minotauro, (Biblioteca Tolkien).
(2002b) El Señor de los Anillos. Apéndices. Traducción de Rubén Masera. España, Planeta DeAgostini-Minotauro, (Biblioteca Tolkien).
(2012) Cuentos desde el Reino peligroso [Antología de relatos]. Ilustrado por Alan Lee. Traducción de Estela Gutiérrez. 3ª reimpresión, Editorial Planeta-Minotauro-Booket, (Biblioteca J.R.R. Tolkien).
(2013a) El Señor de los Anillos 1. La comunidad del Anillo. Traducción de Luis Domèmenech. 3ª reimpresión. México, Editorial Planeta-Minotauro-Booket, (Biblioteca J.R.R. Tolkien).
(2013b) El Hobbit. Traducción de Manuel Figueroa. 7ª reimpresión, Editorial Planeta-Minotauro-Booket, (Biblioteca J.R.R. Tolkien).

ARTÍCULOS DE LIBROS

SEGURA ETXEZÁRRAGA, JOSEBA.
(2002) “La teología cristiana ante la guerra justa” en: CARRILLO CÁZARES, ALBERTO. La guerra y la paz. Tradiciones y contradicciones. El Colegio de Michoacán, Zamora, Vol. I, Pp. 47-69.

PÁGINAS WEB

BJÖRKMAN, MÅNS.
(2002) Los Cronistas de Arda. Traducción de “Eviore”, en: http://www.uan.nu/dti/trad-cronic.html (Consultado 18 de septiembre de 2014)
INSUA RODRÍGUEZ, PEDRO
(2007a) “Guerra y Paz en El Quijote, I”, en: El Catoblepas. Revista crítica del presente. Núm. 59, enero, 2007. En: http://www.nodulo.org/ec/2007/n059p12.htm (Consultado 15 de octubre de 2014)
(2007b) “Guerra y Paz en El Quijote, II”, en: El Catoblepas. Revista crítica del presente. Núm. 68, octubre, 2007. En: http://www.nodulo.org/ec/2007/n068p10.htm (Consultado 15 de octubre de 2014)

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CARVAJAL MEDINA, RICARDO. “Algunos paralelismos entre Cervantes y Tolkien”, en: Letrina. Letras para tocador y otros lapsus lingüe, México, 2014, Revista en línea con apoyo de la Beca Edmundo Valadés del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes, septiembre-octubre, núm. 15, Pp. 6-21. (Consultado 18 de noviembre de 2014, http://issuu.com/revistaletrina/docs/letrina_15)

domingo, 24 de noviembre de 2013

Isaac Asimov - El Anillo del mal

NOTA: El siguiente artículo de uno de los maestros de la ciencia-ficción lo encontramos en Taringa! (también aquí), un buen samaritano lo transcribió y agrego la referencia bibliográfica, la cual lamentablemente, no hemos corroborado, sin más que agregar, les dejamos el texto.


El Anillo del mal*

PRÓLOGO 47
(El anillo del mal)

El motivo del siguiente ensayo fue el hecho de que estaba por exhibirse la versión para televisión de la trilogía The Lord of the Rings. Una nueva revista, Panorama, me pidió que escribiera un comentario sobre la trilogía, escogiendo el aspecto que quisiera; de modo que acepté. Lo escribí antes de ver el programa, porque tenía que publicarse simultáneamente con la emisión de éste. Por lo tanto, el ensayo no fue un análisis del programa sino de un aspecto de su simbolismo (desde mi punto de vista) Después de que apareció el ensayo, vi el programa en la televisión y no me gustó... pero esto no tuvo nada que ver con lo que escribí.  

47. EL ANILLO DEL MAL

El Señor de los Anillos es una epopeya en tres volúmenes sobre la batalla entre el Bien y el Mal. El primer volumen es The Fellowship of the Ring, el segundo, The Two Towers, y tercero, The Return of the King. La trama es extensa, los personajes son muchos, la acción es muy emocionante y está siempre rodeada de suspenso. 
Hay en total veinte anillos que dan poder, pero Saurón, el Señor Oscuro, la encarnación del Mal, la figura satánica es el Señor de los Anillos. El ha hecho que un anillo, el Anillo Único, sea el amo de todos los demás...

"Un Anillo para dominarlos a todos,
Un Anillo para hallarlos,
Un Anillo para traerlos a todos y en la oscuridad atarlos,
En la Tierra de Mordor donde residen las Sombras."  

Mientras este Anillo Único exista, el Mal no podrá ser vencido. Mordor es la tierra maldita donde Saurón gobierna y donde todo está deformado, torcido y adulterado en beneficio suyo. Y Mordor expandirá su atmósfera envenenada por todo el mundo cuando el Anillo Único vuelva a estar en poder de Saurón. Porque Saurón no lo tiene. En un pasado remoto, el Anillo dejó de estar en su poder y, a través de una serie de hechos que están en parte narrados en The Hobbit, una suerte de prólogo infantil al "Señor de los Anillos", cayó en manos de Bilbo Baggins, el hobbit del título.

Hay numerosas fuerzas que tratan de luchar por el Bien y derrotar a Saurón, pero los hobbits constituyen las más débiles y pequeñas. Son del tamaño de los niños y tienen la misma ingenuidad y sencillez de estos. Aun así, a otro hobbit, llamado Frodo, sobrino de Bilbo, se le ocurre que hay que deshacerse del Anillo Único y asegurar que no pueda volver a caer en manos de Saurón.

Al principio como parte de un pequeño grupo, abriéndose camino en un mundo terrible y hostil, y después con la sola compañía de su fiel sirviente Sam, Frodo tiene que encontrar un modo de evitar a los aliados de Saurón para poder llevar el Anillo Único hasta la misma Mordor. Allí, en la propia guarida de Saurón, tiene que llevarlo hasta el Monte Doom, un volcán cuyo fuego es el único que puede fundir el anillo y destruirlo. Si logra esto ultimo, los poderes de Saurón cesaran y, al menos por un tiempo, el Bien prevalecerá.

¿Qué representa esta lucha? ¿Qué elementos contribuyeron a su construcción en la mente de Tolkien?

Podríamos preguntarnos si acaso el mismo Tolkien, si todavía estuviera vivo, podría darnos una respuesta acabada. Tales construcciones literarias adquieren una vida propia, y nunca pueden hallarse respuestas simples a la pregunta ¿Qué significa?

Tolkien era un investigador de las antiguas leyendas teutónicas, y a uno le da la impresión de que el Anillo Único puede ser un eco del Anillo de los Nibelungos, y que detrás de Saurón esta el rostro bello y malvado de Loki, el traidor dios escandinavo del fuego.

Por otra parte, The Hobbit fue escrito en la década de 1930 y "El Señor de los Anillos" en la de 1950. En el medio estuvo la Segunda Guerra Mundial, y a Tolkien le tocó vivir el año decisivo de 1940, cuando Gran Bretaña se quedo sola frente a las fuerzas de Hitler.

Después de todo, los hobbits son habitantes de "the Shire", que es una representación transparente de Gran Bretaña en sus aspectos mas idílicos, y detrás de Saurón podría estar el demoníaco Adolf Hitler.
Pero también están los simbolismos más amplios. Tom Bombadil es un personaje misterioso que parece representar la Naturaleza como un todo. Los ents con forma de árbol parecen representar los bosques verdecidos, y los enanos representan las montanas y el mundo mineral. También están los duendes (elfos), poderosos pero en decadencia, representantes de un tiempo que se va para siempre y que no sobrevivirían aunque Saurón fuese aniquilado.

Pero volvamos al Anillo Único. ¿Qué representa?
En la epopeya, otorga un poder ilimitado e inspira infinitos deseos aun cuando es infinitamente corruptor. Los que lo usan son abrumados y atormentados por el, pero no pueden dejarlo ir, aunque les roe el alma y el cuerpo. Gandalf, que es el personaje más fuerte de los que combaten por el Bien no se atreve a tocarlo porque teme que lo corrompa a el también.

Finalmente le toca a Frodo, que es pequeño y débil, hacerse cargo de el. Y lo corrompe y daña a el también, porque cuando esta por fin parado en el Monte Doom y le bastaría con mover un dedo para arrojar el Anillo Único al fuego y asegurar el fin del Mal, se da cuenta de que no puede hacerlo. Se ha convertido en un esclavo del Anillo Único. (Y finalmente es el Mal el que destruye al Mal, mientras que Frodo el Bueno fracasa.)

¿Qué es, entonces, el Anillo Único? ¿Qué representa? ¿Qué puede ser tan deseable y corruptor a la vez? ¿Qué cosa puede impedir que queramos deshacernos de ella a pesar de que esta destruyéndonos?

Bueno...
Una vez, mi esposa Janet y yo íbamos por la autopista de Nueva Jersey y pasamos por un sector de refinerías de petróleo donde la tortuosa geometría de las estructuras se dibujan contra el cielo, donde los gases escapan ardiendo en eternas llamaradas, y donde el hedor obliga a cualquiera a cerrar las ventanillas del auto. Janet hizo lo propio, suspiró, y luego dijo: "Ahora pasamos por Mordor". Ella tenía razón. El Mordor de "El Señor de los Anillos" es el mundo industrial que esta desarrollándose lentamente y va apoderándose de todo el planeta, lo consume, lo envenena. Los duendes representan la tecnología preindustrial que esta abandonando la escena. Los enanos, los ents y Tom Bombadil representan las distintas partes de la Naturaleza que están siendo destruidas. Y los hobbits del Shire representan el pasado simple y pastoril de la humanidad.

¿Y el Anillo Único?
Es la tentación de la tecnología; la seducción de las cosas hechas con más facilidad, de los productos en grandes cantidades, de los artefactos en tentadora variedad. Es la pólvora y el automóvil y la televisión; todas las cosas que la gente se desespera por tener; todas las cosas que la gente no puede abandonar una vez que las tiene. ¿Podemos abandonarlas? El automóvil mata a miles de norteamericanos cada ano. ¿Podemos abandonarlo por eso? ¿Acaso alguien propone seriamente que lo intentemos?
El modo de vida norteamericano exige que se quemen grandes cantidades de carbón y petróleo que arruinan nuestro aire, enferman nuestros pulmones y contaminan nuestro suelo y nuestra agua, pero, ¿podemos dejar de quemarlas? Para satisfacer las necesidades de nuestra sociedad, necesitamos más petróleo que el que podemos extraer nosotros mismos, de modo que tenemos que importar la mitad del extranjero. Lo obtenemos de países que nos tienen encadenados gracias a eso. ¿Podemos disminuir nuestras necesidades para romper esas cadenas?

Tenemos el Anillo Único en nuestras manos y esta destruyéndonos a nosotros y al mundo, y no hay ningún Frodo que se haga cargo de el, y no hay Monte Doom adonde llevarlo, y no hay nada que pueda asegurar la destrucción del Anillo.

¿Es inevitable todo esto? ¿Ha ganado Saurón? ¿Han caído las Sombras de la Tierra de Mordor sobre todo el mundo?

Podemos creer que sí, si sólo queremos mirar lo peor del mundo industrial e imaginarnos lo mejor de un imposible mundo preindustrial.
Además, el feliz mundo pastoril del Shire no existió jamás salvo en las mentes nostálgicas. Puede haber existido una delgada capa de terratenientes y aristócratas que llevaba una vida placentera, pero esto sólo era posible gracias al trabajo incesante de sirvientes, campesinos, siervos, y esclavos cuyas vidas eran un largo sufrimiento. Los que heredaron las tradiciones de una clase dominante (como Tolkien) son demasiado conscientes del pasado placentero de la vida, y pasan demasiado por alto la pesadilla que empezaba apenas más allá de los límites de las mansiones.

Por mas desdichas y horrores que la industrialización haya producido, ella puso, por primera vez, la educación y el ocio al alcance de cientos de millones de personas: permitió que ellas compartieran los bienes materiales del mundo, aunque mas no fuera los de mala calidad; les dio una oportunidad de apreciar las artes, aunque sólo fuera al nivel de las historietas y del rock duro, les dio una esperanza de vida que hoy es el doble de la que tenían en los tiempos preindustriales.

Es fácil hablar de los cincuenta mil norteamericanos (uno de cada 4.400) que mueren cada año en accidentes automovilísticos. Olvidamos así los porcentajes de población mucho mayores que morían cada año por las epidemias infecciosas, las enfermedades por carencia, los desequilibrios hormonales y todo lo que hoy puede ser prevenido y curado.

Hay buenas razones para no abandonar el Anillo Único. Si el Anillo Único esta llevándonos a la destrucción es porque lo usamos abusivamente, arrastrados por nuestra codicia y nuestra insensatez. Es seguro que hay un modo de usarlo sensatamente. ¿Tanto hemos perdido las esperanzas respecto de la humanidad que negamos que podamos ser cuerdos y sensatos si tenemos que serlo?

No. El Anillo Unico no es sólo maligno. El es lo que nosotros hacemos de el y por eso debemos rescatar y desarrollar aquellas partes que son buenas.

Pero no se preocupe...
Uno puede leer El Señor de los Anillos sin perderse en su simbolismo. Es una aventura fascinante que no se agota en una lectura. Yo lo leí cuatro veces, y cada vez me gusta mas. Pienso que ya es tiempo de que lo lea una quinta vez.

Y al hacerlo, tratare de ver el Anillo Único como... un anillo.

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*ASIMOV, ISAAC. Sobre la Ciencia Ficción. Traducción de Salvador Benesdra. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1999, Pp. 328-333.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Racismo en las obras de Tolkien

ADVERTENCIA: Este texto es una traducción de la entrada titulada Racism in Tolkien's Works, disponible en la página Tolkien Gateway. Ni el traductor ni el Blog sobre Tolkien se hacen responsables de las posturas en pro y en contra de este tópico polémico de las obras de JRR Tolkien.

NOTA SOBRE LA TRADUCCIÓN: La mayoría de las citas de fueron cotejadas con las traducciones oficiales de las obras de Tolkien. Algunos de los enlaces que se citan ya están fuera de servicio, se encontraron otros enlaces disponibles, y en otros casos se encontró uno con versión en español.

"Durante años, los estudiosos de Tolkien han librado una lucha en dos frentes: contra un centro académico que en su mayor parte se negó a tomar el trabajo del autor en serio, y en contra de los supremacistas blancos que han tratado de reclamar el profesor como uno de los suyos."
- David Ibata, Chicago Tribune [1]

Los aficionados y los críticos de la obra de Tolkien han observado varios elementos ambiguamente racistas y elementos basados en la raza, los cuales van más allá en estereotipos o el simbolismo del bien contra el mal en el legendarium de Tolkien. Ya en la primera edición de El Señor de los Anillos este tema fue discutido, incluso por C.S. Lewis, que escribió que las personas que no gustan de una clara delimitación del bien y del mal "se imaginan que han visto una demarcación rígida entre blancos y negros."

El legendarium de Tolkien también hace muchas referencias a temas relacionados, por extensión, al racismo, como la eugenesia, líneas de sangre, y (por extensión), incluso la superioridad de la herencia frente a otras autoridades.

Algunas de estas acusaciones de racismo pueden explicarse en parte por una lectura más amplia de las obras de Tolkien o de un análisis más profundo de la temática, otros son más difíciles de descartar. En las extensas cartas de Tolkien se encontran comentarios que se pueden interpretar como racismo, así como una defensa contra las acusaciones.

Christine Chism menciona en la J.R.R. Tolkien Encyclopedia Scholarship and Critical Assessment la cuestión del racismo, donde se distingue que las acusaciones caen en tres categorías: el racismo intencional, el sesgo eurocentrista inconsciente, y una evolución del racismo latente en los primeros trabajos de Tolkien a un rechazo consciente de las tendencias racistas en su obra tardía.

En el prólogo a la edición revisada de El Señor de los Anillos, Tolkien advirtió severamente en ver su obra como una alegoría, dijo que no le gustaba la alegoría. Además, según sus propias afirmaciones, Tolkien denunció a Hitler, las creencias nazis, la "doctrina de raza" y el apartheid y elogió la judíos, llamándolos un "dotado pueblo".

La popularidad mundial de El Señor de los Anillos (gracias a las películas) ha hecho mucho para perpetuar el interés popular, así como una crítica a, los escritos de Tolkien.

Orcos

Que la mayoría de los Pueblos Libres blancos de la Tierra Media hagan guerra con las hordas de orcos bestiales es visto por algunos como un indicio de racismo.

De los orcos, los Uruk-Hai se describen como "negros" [2] y un orco más pequeño, un rastreador, se describe como "negro de piel". [3] Todos los orcos se describen a menudo como con "ojos rasgados" y los Uruk-Hai al menos, se refieren a la Rohhirim como "piel blanca". En una de sus cartas, Tolkien describe a los orcos como "...bajos, anchos, de nariz aplastada, piel amarillenta, con la boca grande y los ojos oblicuos: de hecho, versiones degradadas y repulsivas (para los europeos) del tipo mongoloide menos agradable." (Carta 210)

Si bien la afirmación de Tolkien de comparar Orcos con el "tipo mongoloide" es, sin duda, insensible dado los estándares de hoy, él puso una advertencia, "(para los europeos)," antes de "menos agradable", y por lo menos reconoce el sesgo cultural de Occidente, también señala que eran "versiones degradadas y repulsivas" de "tipo mongoloide", "tipo mongoloide" no reales. Vale la pena señalar que algunos orcos usan espadas torcidas o dobladas (Tolkien utiliza el término cimitarra, que es históricamente asociado con el Oriente Medio).

Los orcos sin embargo, no son hombres. A diferencia de los hombres malos que sirven al enemigo, que podrían haber sido esclavizados o engañados, los orcos se presentan como irremediablemente malvados, o al menos sin tener una redención fuera del ámbito de la narrativa. El origen de los orcos no está claro, pero puede ser producto de la brujería de Morgoth, o descendientes de los elfos torturados y arruinados. Independientemente de su origen no se presentan como una raza natural, de hecho no hay ninguna mención de las mujeres orcos, niños, pueblos, o su cultura. Tal vez inspirado por su catolicismo romano, los orcos de Tolkien pueden tener más en común con los ejércitos demoníacos que con los extranjeros.

Luz contra oscuridad

Algunos críticos han declarado que hay racismo en las obras de Tolkien a través de su uso de las palabras como "luz" y "blanco" frente a "oscuro" o "negro". En 2002, John Yatt en The Guardian escribió: "Los hombres blancos son buenos, los hombres "oscuros" son malos, los orcos son lo peor de todo." [4]. Otros críticos, como Tom Shippey y Michael DC Drout están en desacuerdo con ese tipo de generalizaciones de Tolkien, “blanco y "oscuro" a los hombres en el bien y el mal.

El conjunto del legendarium de Tolkien contiene un conflicto entre la luz literal (los árboles, los Silmarils) y la oscuridad (la ausencia literal de la luz). El estandarte de Morgoth fue "sin blasonado" (es decir, negro llano). "Mordor" significa "tierra negra" en Sindarin. Este choque continuo puede interpretarse que contienen simbolismo racial de piel clara contra los pueblos de piel oscura, aunque Eol, padre de Maeglin era conocido como el Elfo Oscuro, y los Moriquendi fueron llamados los Elfos de la Oscuridad, aunque ambos términos se refieren a permanecer fuera de la luz de los dos árboles, no el tono de piel. Los Númenóreanos Negros son igualmente nombrados por el color de su lealtad a Sauron y su heráldica, no de su tono de piel.

Pero el blanco no se asocia únicamente con el bien. Saruman el Blanco tiene la Mano Blanca como su símbolo. Asimismo el negro no sólo se asocia con el mal pues Gondor utiliza un estandarte negro que lleva el Árbol Blanco, y la Guardia de la Ciudadela de Minas Tirith llevaba una cota de malla negra. En Los Pueblos de la Tierra Media, una flota Númenóreana tiene barcos con velas negras. Uno de los marineros le explica a un nativo de la Tierra Media, que las velas negras indican de hecho el miedo, que la oscuridad es en realidad una cosa de belleza, el cielo nocturno de Elbereth (quien encendió las estrellas). De hecho, Tolkien establece que una de las victorias de Morgoth (literalmente, el Enemigo Negro) estaba en la asociación de la oscuridad y la noche con el miedo y el mal.

Hombres Malvados

Uno de los elementos potencialmente racistas en la Tierra Media es que la mayoría de los hombres que sirven a Sauron son los pueblos de piel oscura de los Orientales y Sureños. Vienen del sur y el este de la Tierra Media, que corresponden a Asia y África en la conexión entre la geografía de la Tierra Media y la del mundo real. Los orientales están alineados con Morgoth y Sauron con la única excepción de Bór. Ellos se describen como de piel bastante oscura, morenos y extremadamente crueles. Los Sureños (o Haradrim) se describen de piel negra clara, crueles y malos, y por lo menos están aparentemente inspirados en las culturas hindúes con rasgos tales como la lucha sobre espaldas de los Mumakil.

En algunos casos, las personas que tienen la más mínima relación de sangre con los enemigos, como Freca y Wulf, que están relacionados con los Dunlendinos, se presentan como si ellos mismos fueran el mal, como si la maldad fuera hereditaria. Algunos de ellos también son llamados "morenos" (oscuros). Por lo general, las personas cuyo aspecto era "desagradable" (Maeglin, Bill Helechal) desde el punto de vista de los principales protagonistas, resultan ser traidores. Bill Helechal se dice que es moreno, y esto se remonta a sus antepasados dunledinos.

Mientras que los Orientales y los Haradrim son personas de piel oscura al servicio del Enemigo, los Woses son primitivos, pequeños, y ajenos en comparación con otros pueblos (su jefe Ghan-buri-Ghan sólo lleva una falda de hierba) y sin embargo son aliados valiosos (en El Retorno del Rey). Aunque Tolkien no menciona su color de piel, eran considerados monstruos por los Rohirrim que los cazaban como animales, acción que condena explícitamente la narración. Sin embargo, en la Primera Edad fueron tenidos por los Edain como hombres nobles y eran aliados de los elfos.

Sin embargo, no todos los enemigos son no-blancos. Ejemplos notables son Saruman, Grima, Gollum, y al menos dos de los Nazgûl. También Lotho Sacovilla-Bolsón y los rufianes son personajes de piel blanca que asolan y toman la Comarca. En efecto, mientras que durante el tiempo de El Señor de los Anillos los esclavos y servidores de Sauron son personas de piel más oscuros del Sur y del Este, durante la historia de la Tierra Media, muchas de las razas blancas de los hombres e incluso algunos elfos fueron engañados y coaccionados por el Enemigo.

El racismo en la Tierra Media

Tolkien retrata el racismo dentro de las razas "heroicas" como descaradamente negativo. Elfos y Enanos desconfían entre sí. Algunos elfos cazan a los enanos como animales, al igual que los Rohirrim a los Woses. La amistad entre Legolas y Gimli se presenta como inusual, pero encomiable, y varias escenas ilustran que ellos aprenden a comprender y respetar las diferencias culturales de cada uno. Cuando Gimli toma un mechón de cabello de Galadriel, describe como haber "[mirado] de pronto en el corazón de un enemigo y que allí encontraba amor y comprensión."

Es notable que aparentemente hay racismo en las filas de los orcos como los Uruk-hai, teniéndose a sí mismos como superiores a los orcos comunes, a quienes llamaban Snaga (esclavo).

Desde el punto de vista de los personajes del libro - los hobbits - son a su vez de una raza que se describe con frecuencia como pasada por alto, subestimada y tenida poco en cuenta por las otras razas de la Tierra Media, pero con frecuencia muestran ahora mayor valor y nobleza que las otras razas que los denigran. No son sin perjuicio, no obstante, Gandalf se muestra a reprender a Frodo por sus comentarios sobre Cebadilla Mantecona.

Los Númenóreanos de Gondor cayeron en luchas internas a causa de una supuesta necesidad de la pureza racial, especialmente en relación con la ascendencia de su rey (la Lucha entre Parientes), y se debilitaron como consecuencia. En este asunto, el villano fue el castizo Númenóreano Castamir mientras que el héroe fue el medio-númenóreano Eldacar.

Enanos como Judíos

Tolkien comparó a los Enanos con los judíos:
"Los Enanos, por supuesto son bastante obvios - ¿No diría usted que en cierto sentido le recuerdan a los judíos? Sus palabras son obviamente Semíticas, construidas para ser Semíticas."
― J.R.R. Tolkien

Uno puede interpretar este comentario de muchas maneras. Cabe señalar que sólo hace una conexión explícita entre el idioma enano khuzdul a las lenguas semíticas. En otra carta, se hace la misma comparación, pero esta vez se trata explícitamente de que ambos pueblos fueron despojados de sus tierras, obligados a vagar por el mundo, y adoptar las lenguas de otras tierras: los dos eran " a la vez nativos y ajenos en su lugar de nacimiento, en posesión de la lengua del país, pero con un acento que es consecuencia de su propia lengua privada... "(Carta 176)

A lo largo de los libros, Tolkien pinta un cuadro en su mayoría positivo de los enanos (Gimli por supuesto, es valiente y honorable, y se afirma en uno de los apéndices de El Señor de los Anillos que " pocos son los que sirvieron al Enemigo por libre voluntad, sea lo que fuere lo alegado por los Hombres”) y en otros lugares hizo declaraciones explícitamente positivas sobre el pueblo judío.

Sin embargo, una de las debilidades de los Enanos era su codicia por el oro y otras riquezas, amplificada por los Siete Anillos. Algunos ven una conexión entre esto y el estereotipo del usurero judío. También es posible establecer una conexión entre los enanos barbudos y las barbas de judíos ortodoxos.

Tolkien tiene seres divinos bendecidos o pueblos y personas dotados junto a sus descendientes, teniendo así el concepto de pueblo elegido, que se diferencian de los demás, en el caso de Tolkien, los Dúnedain (literalmente "Hombres del Oeste") de Númenor. Cabe señalar también que, según la Teosofía, Ariosofía y el nazismo [6], la raza aria supuestamente desciende de Atlantis.[7]

Contraindicaciones

Los defensores de Tolkien afirman que muchas de las críticas de racismo y elitismo establecidos en El Señor de los Anillos y otros escritos son simplificaciones y generalizaciones, y no toman en cuenta todo lo que el autor pudo haber escrito sobre estos asuntos.

El simbolismo de la luz como el bien y la oscuridad como el mal es una expresión constante en la literatura occidental y vuelve al cristianismo primitivo (Juan 08:12 Jesús dijo, "Yo soy la luz del mundo, el que me sigue, no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida "), las variaciones tales como la herejia maniqueista y aún más la antigua religión de Persia, el zoroastrismo.

Tolkien era inglés, y quería hacer una mitología para Inglaterra. Por lo tanto, escribió El Señor de los Anillos de acuerdo con el punto de vista de su pueblo. No podía hacer de sus protagonistas, por ejemplo, incas o japoneses, o incluso poner el ajuste en cualquier otro lugar que no sea (alternativamente), el noroeste de Europa, en el espíritu sí, no en la realidad.

Tolkien sólo hizo correspondencias geográficas precisas de los lugares de la Tierra Media en la Tercera Edad con los del mundo real. Por ejemplo, Hobbiton estaba en la latitud de Oxford. La Comarca se basa, pero no es actualmente la Inglaterra rural, ya que "las tierras han cambiado" desde entonces. Tolkien no hizo correspondencias precisas con respecto a los pueblos interesados. Aunque los Hobbits se basaron en gente del campo Inglés, no eran literalmente ingleses antiguos. Él nunca dijo que Harad era África, ni que las tierras del Este eran Asia, ni sus habitantes antepasados los africanos o asiáticos. El Silmarillion presenta cuentos de una época en que las tierras de la Tierra eran diferentes de la de la Tercera Edad.

No sólo el Este y el Sur se asocian con el mal, y tampoco fue siempre así. En la Primera Edad, el mal venía del Norte, cuando Morgoth se estableció en Angband. Además, todos los Hombres y los Elfos despertaron por primera vez en el Este. Boromir se presenta como un "hombre del sur" sin cualificación (en realidad Suroeste).

Los propios Dunlendinos son blancos pero de piel más oscura, son descendientes de los Edain (a través de la Casa de Haleth), por lo tanto distantes, aunque familiares no reconocidos de los Dúnedain de Númenor, sus ancestros crecieron hostiles hacia los Dúnedain, esto último debido al despojo de sus bosques. La mayoría de estos hombres son benignos y en Bree son abundantes los descendientes de los Dunlendinos.

En la Guerra del Anillo, los enemigos no son realmente malvados, ya que se describen como engañados, esclavizados y explotados. Sam ve a un guerrero muerto de Harad y se pregunta si era realmente malo - o más bien engañado u obligado a ir a la guerra. Los Dunlendinos son persuadidos por Saruman para atacar Rohan, usando sus diferencias debido a que Gondor dio lo que ellos consideraban su tierra de Éothéod a los antepasados de los Rohirrim. Anteriormente, Sauron convenció a sus antepasados para luchar contra los Númenóreanos, a causa de su traslado de los bosques en las colinas.

Tolkien en realidad no habla de las características físicas de los Orientales en El Señor de los Anillos; sin embargo los Orientales de El Silmarillion se describen como pálidos o morenos. No hay certeza de que los Hombres del Este de la Primera Edad sean los mismos que los de la Tercera Edad, sin embargo: de hecho, muchos de los hombres "blancos" de Eriador se indica que son descendientes de los Hombres del Este de la Primera Edad.

Tolkien describe a los Haradrim en El Señor de los Anillos como altos, morenos, con mirada fiera y detestable (de acuerdo con Gollum), con el pelo largo y negro, caras pintadas y con pendientes y adornos de oro. Más tarde, un guerrero de Harad que cae a los pies de Sam tiene trenzas en el pelo negro entrelazadas con oro. Cabe destacar que el autor no describe como negro, ni su pelo rizado, ni les dan otros rasgos africanos subsaharianos típicos.

Todas las personas "superiores", ya sean Elfos, Edain o Dúnedain, no tienen análogos directos en los pueblos del mundo real. Si los Dúnedain se pudieran poner en el lugar que les pertenecen sería en la Atlántida, Númenor era la contraparte de la Tierra Media igual a la Atlántida de Platón. Los Rohirrim, que han sido en comparados con los europeos rubios y justos, son "inferiores" a ellos, siendo Medio-hombres, en su opinión.

Reyes, príncipes herederos y nobles como protagonistas no son necesariamente una advocación de la nobleza de sangre, ya que es un tema y un concepto común en los mitos y cuentos de hadas. Además, Samsagaz Gamyi representa al hombre común, y ve más que los personajes "nobles" parecen no ver, como la verdadera situación de los enemigos humanos. Téngase en cuenta que en una carta (# 131), Tolkien establece que Sam es el principal protagonista de todo el libro.

No hay pueblos verdaderamente "perfectos" en los escritos de Tolkien. Teniendo en cuenta que Tolkien amaba los árboles y la naturaleza en general, que los Númenóreanos arbitrariamente talen árboles para buques es decididamente negativo. Los Noldor se rebelaron contra los Valar y mataron a sus compañeros elfos.

El Señor de los Anillos y el fascismo

En Italia, El Señor de los Anillos es considerado fascista por parte de algunos grupos y organizaciones fascistas italianas que están supuestamente utilizando el libro para reclutamiento. [8] Según la página web italiana Caltanet, Alianza Nacional, un partido político italiano orientado a la derecha, había tomado una foto de la película La Comunidad del Anillo para promover un discurso de su líder, Gianfranco Fini. [9]

Las obras de Tolkien también han sido adoptadas por los autodefinidos racistas como el Partido Nacional Británico. [10]

Los pasajes pertinentes del texto

Es probable que ellos [trasgos] hayan inventado algunas de las máquinas que desde entonces preocupan al mundo, en especial ingeniosos aparatos que matan enormes cantidades de gente de una vez, pues las ruedas y los motores y las explosiones siempre les encantaron

El Hobbit, “Sobre la colina y bajo la colina”


"Era la primera vez que Sam veía una batalla de hombres contra hombres y no le gustó nada. Se alegró de no verle la cara al muerto. Se preguntó cómo se llamaría el hombre y de dónde vendría; y si sería realmente malo de corazón, o qué amenazas lo habrían arrastrado a esta larga marcha tan lejos de su tierra, y si no hubiera preferido en verdad quedarse allí en paz."

Las dos Torres, “Hierbas aromáticas y guiso de conejo”

Tolkien sobre el racismo

"Debo decir que la carta de Rütten y Loening que usted me adjunta es un poco rígida. ¿Tengo que soportar esta impertinencia porque llevo un apellido alemán, o la lunática ley que los rige exige un certificado de posesión de un origen «arisch» por parte de todas las personas de todos los países?
Personalmente, me sentiría inclinado a rehusar una
Bestätigung (aunque pueda hacerlo en realidad) y demorar la traducción al alemán. De cualquier modo, objetaría fuertemente que semejante declaración apareciera impresa. No considero la (probable) ausencia de toda sangre judía como necesariamente honorable; tengo numerosos amigos judíos y lamentaría dar cualquier fundamento a la idea de que suscribo la doctrina racista, perniciosa y del todo anticientífica."

― Carta 29 — A editores alemanes que habían preguntado a Tolkien si era de origen ario.


Gracias por su carta .... Lamento no tener muy en claro a qué se refieren con arisch. No soy de extracción aria: eso es, indo-iraní; que yo sepa, ninguno de mis antepasados hablaba indostano, persa, gitano ni ningún otro dialecto afín. Pero si debo entender que quieren averiguar si soy de origen judío, sólo puedo responder que lamento no poder afirmar que no tengo antepasados que pertenezcan a ese dotado pueblo.

― Carta 30 ― (respuesta no enviado de Tolkien a sus editores alemanes, una versión más neutral fue enviada en última instancia)


Había un solemne artículo en el periódico local que abogaba seriamente por el sistemático exterminio de la entera nación alemana como única medida adecuada después de la victoria militar: pues, si os place, ¡no son más que víboras de cascabel y no conocen la diferencia entre el bien y el mal! (¿Y el autor del artículo qué?) Los alemanes tienen igual derecho a declarar a los polacos y a los judíos alimañas exterminables y subhumanas como nosotros a los alemanes; en otras palabras, no tienen ninguno, no importa lo que hayan hecho."

― Carta 81 ― 23-25 de septiembre de 1944


"Tengo el odio de apartheid en mis huesos, y sobre todo detesto la segregación o separación de la Lengua y la Literatura. No me importa cuál de ellos crean Blanca."

―De un discurso de despedida a la Universidad de Oxford en 1959


En cuanto a lo que dices o sugieres de las condiciones «locales», yo las conocía. No creo que hayan cambiado mucho (ni siquiera para peor). Las oía comentar por mi madre; y aun desde entonces me he tomado un interés especial por esa parte del mundo. El tratamiento del color casi siempre horroriza al que sale de Gran Bretaña, y no sólo en Sudáfrica. Desdichadamente, no son muchos los que conservan largo tiempo ese generoso sentimiento.

― Carta 61 ― Escrito a Christopher Tolkien que estaba acantonado en Sudáfrica durante la Segunda Guerra Mundial


De cualquier modo, guardo en esta guerra un ardiente rencor privado -que me haría probablemente mejor soldado ahora, a los 49, que lo fui a los 22- contra ese cabal ignorante, Adolf Hitler (porque lo extraño de la inspiración demoníaca es que de ningún modo realza la estatura puramente intelectual: afecta por sobre todo la mera voluntad). Arruina, pervierte, aplica erradamente y vuelve por siempre maldecible ese noble espíritu nórdico, suprema contribución a Europa, que siempre amé e intenté presentar en su verdadera luz.

― Carta 45 ―



[1] http://articles.chicagotribune.com/2003-01-12/news/0301120067_1_middle-earth-tolkien-rings-trilogy
[2] El Señor de los Anillos [La Comunidad del Anillo] Libro dos, capítulo 5: "algunos son corpulentos y malvados: uruks negros de Mordor" y Apéndice A: "En los últimos años de Denethor I, la raza de los uruks, orcos negros de gran fuerza, salieron por primera vez de Mordor "
[3] El Señor de los Anillos [El retorno del Rey] Libro seis, capítulo 2 " era de una raza más bien pequeña, negro de tez, y la nariz, de orificios muy dilatados, husmeaba el aire sin cesar: sin duda una especie de rastreador."
[4] The Guardian (2 December 2002)
[5] http://www.daisy.freeserve.co.uk/jrrt_int.htm [http://www.anarda.net/tolkien/entrevista.html]
[6] http://es.wikipedia.org/wiki/Raza_aria#Usos_esot.C3.A9ricos
[7] Alfred Rosenberg, The Myth of the Twentieth Century
[8] http://www.johnreilly.info/ata.htm
[9] http://www.theonering.net/perl/newsview/8/1001628604
[10] The Sunday Times - El BNP ha declarado El Señor de los Anillos es una lectura esencial. No son los únicos extremistas para obtener una idea equivocada.[http://www.thesundaytimes.co.uk/sto/news/article213336.ece]
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